La Victoria Regia

Se dice que en las noches
de luna llen,a la Luna baja a la tierra para casarse con
una india. Esta creencia existía en la época
en que las tierras brasileñas fueron pobladas por
tribus indígenas, donde lo masculino y femenino
no existían como figuras determinadas en las leyendas
indígenas. La luna, para ellos, era un guerrero
decidido, valiente, fuerte y bello. Las jóvenes
indias querían conquistar su amor para transformarse
en estrellas en el cielo. Hubo una india, llamada Nalá,
que soñaba con ese maravilloso guerrero. Pasaba
las noches observando la luna llena, fascinada con sus
rayos que bañaban su cuerpo y que parecía
los brazos fuertes del amado.
Muchas veces Nalá, corría por los campos,
con los brazos extendidos, intentando alcanzar la Luna,
pero jamás lo conseguía. Cierta noche, enferma
de pasión, Nalá vio aparecer, con todo esplendor
la Luna reflejada en las aguas de un río. No lo
pensó dos veces: imaginando que el amado aparecía
para atender a sus llamados, Nalá se tiró
en sus brazos y terminó ahogada en el fondo del
río. La Luna a su vez, quedó con pena de
semejante tragedia que, en vez de transformar la pobre
muchacha en una estrella, creyó mejor transformar
la indiecita en una flor tan bella como inmensa. Así
es que, transformada en Victoria Regia, Nalá aguarda
todas las noches su guerrero amado, y cuando la Luna aparece,
abre sus enormes pétalos ofreciendo su corola para
recibir los rayos plateados del amado.
Saci-Pererê

En el interior del sur de Brasil, los viajeros toman diferentes
precauciones antes de continuar su viaje. Porque cuando
el sol se pone, un gran peligro amenaza: El Saci-Pererê.
Un negrito bajito, con una sola pierna, de gorro rojo
y pipa en la boca, aparece para molestar la vida de todo
el mundo; con un silbido enloquecedor y un remolino causado
por sus giros, monta un caballo asustado, chupa su sangre
y sale corriendo por los campos hasta dejar al animal
cansado.
Entra en la casa de los habitantes, coge los carbones
calientes de las estufas y los tira de una mano a la otra,
rompe tejas, molesta a las gallinas, les hace cosquillas,
irrita a los perros... Un verdadero diablito!
Para poder librarse de los traviesos, los viajeros llevan
tabaco y aguardiente, que le dan de regalo y claman silenciosamente
para que se vaya. Aquel que logre arrancar su gorro, que
es mágico, será su señor. Según
cuentan, los Sacis eran hijos de esclavas con sus señores
y eran abandonados entre los arbustos, donde morían
paganos y se volvían Saci.
La Fiesta en
el Cielo

Cierta vez, una gran fiesta en el cielo reunió
a muchos invitados. Sólo que para llegar hasta
allá, los convocados tendrían que volar.
Por eso, solamente las aves podrían participar.
Sin embargo, el sapo también quería ir a
la fiesta y como no tenía alas, armó un
plan fantástico: invitó al gallinazo a ir
a su casa y, mientras la señora sapa conversaba
con el gallinazo, el sapo se escondió en la guitarra
que el otro llevaba para animar a los invitados. Sin desconfiar
de nada, el gallinazo se despidió de doña
sapa y partió alegremente rumbo al cielo.
Cuando llegaron, el sapo astuto saltó hacia afuera
de la guitarra, sin que el gallinazo se diera cuenta,
y sorprendió a todos con su presencia. Y se divirtió
toda la noche.
Cuando el festejo estaba terminando, el ladino se metió
de nuevo en la guitarra y se quedó aguardando al
gallinazo. Como este demoraba, el sapo comenzó
a impacientarse y a agitarse.
Luego, el gallinazo levantó vuelo. Pero el sapo,
siguió moviéndose y despertó la curiosidad
del gallinazo, que volteó la guitarra boca abajo
para ver lo que ocurría.
Espantado, vio al sapo desprenderse de las alturas. El
bicho aún intentó volar, pero como el sapo
no vuela, se reventó en el piso. Desde entonces,
todos los que observan un sapo notan su deformidad: boca
abajo enorme de tanto gritar, ojos saltones de pavor y
el cuerpo todo aplastado, lleno de arrugas y manchas,
como si alguien lo hubiera pisado. Este fue el castigo
que le restó de la mayor caída de su vida.
La Mula Sin Cabeza

Es la noche de jueves. EL viajero asustado se
apresura para llegar a su destino. El sabe que es la noche
de la mula sin cabeza, bicho maldito, que ataca todo y
a todos. Dice la leyenda que las mulas son mujeres que
mantienen relaciones amorosas con padres católicos,
en las ciudades del interior de Brasil, y como castigo
reciben este horrible destino. La mula, que corre siete
ciudades cuando se transforma, ataca sin piedad a todo
lo que se le pasaba por frente. Al final de la carrera,
ya de madrugada, cansada y toda herida, vuelve a tener
su antigua forma: de mujer. El encanto sólo se
puede romper si alguien le causa una herida que derrame
sangre, pero es necesario que ambos, los hombres y el
bicho, luchen entre sí. La mula puede ser un animal
negro con una cruz de cabellos blancos; puede soltar fuego
por el rabo y puede cargar un freno ferozmente masticado
en la boca espumante de sangre. En todos los casos, sin
embargo, es castigado por ser amante del padre.
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