Descubrimiento y Colonización
Descubrimientos Portugueses (1487-1500)
En los siglos XV y XVI, Portugal, un reino ibérico con escaso millón de habitantes, estaba cercado por el Océano Atlántico al frente, y una Castilla cuyo reino le era hostil, en la retaguardia. Luego de años de luchas contra la ocupación de los moros, los portugueses dirigieron su atención y energía hacia el mar y la navegación. Mientras los españoles partieron en busca de una ruta a Oriente viajando hacia el oeste, los portugueses optaron por el llamado Ciclo del Sur bajando por la costa de África.
Luego de pasar el Cabo de Buena Esperanza en 1487, fueron guiados por el navegante Vasco da Gama a través del Océano Indico, y descubrieron la ruta marítima hacia el Lejano Oriente en 1497. Estos navegantes conocían la existencia de tierras al otro lado del Atlántico y ya habían realizado diversas expediciones hacia el oeste antes de que Colón descubriera las Antillas en 1492, pero habían ocultado la información para anticiparse a las ambiciones de España, Inglaterra y Francia. Para una nación pequeña, mantener el secreto era el único método disponible para salvaguardar las recompensas de expediciones audaces y exitosas de la explotación de otros rivales más poderosos.
El Tratado de Tordesillas (1494) planteó más tarde la cuestión de la posesión de las nuevas tierras entre España y Portugal. Se acordó que los territorios ubicados al este del meridiano que pasa a 370 leguas al oeste de las Islas de Cabo Verde pertenecían a Portugal, y las tierras al oeste del meridiano quedaban hacia España. Esta línea imaginaria, de polo a polo, cruzaba Suramérica en su parte oriental del continente sudamericano y constituyó la primera frontera de Brasil, si bien su descubrimiento formal por parte de Pedro Álvares Cabral no ocurrió sino hasta seis años más tarde, en 1500.
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Primeros Asentamientos (1530-1549)
El viaje de Cabral fue pronto seguido por otras expediciones portuguesas. La mayor riqueza explotable que encontraron fue un tipo de madera que producía tintas rojas y púrpuras, el pau brasil (del cual el país tomó su nombre). La ocupación organizada recién comenzó en 1530, cuando Portugal envió a los primeros colonos con animales domésticos, plantas y semillas para establecer asentamientos permanentes. Los pequeños enclaves existentes en el nordeste se fueron consolidando; São Vicente, en la costa del moderno Estado de São Paulo, fue fundada en 1532, y le siguió en 1549, la ciudad de Salvador, más tarde elegida como sede del Gobernador General. El territorio estaba escasamente poblado por tribus indígenas, algunas pacíficas, pero otras, especialmente en el interior, feroces y guerreras. A medida que se ocupaban más tierras, fue necesario contar con un sistema de administración. Lo primero que hizo la Corona portuguesa fue crear un número de feudos hereditarios o capitanías. Catorce de ellas –algunas incluso más grandes que Portugal– se establecieron a mitad del siglo XVI, y los beneficiarios, llamados capitanes mayores, eran responsables de su defensa y desarrollo. El sistema de capitanías fue determinante para que –incluso hoy en día– Brasil sea un país con marcados regionalismos.
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El Período Colonial
El litoral húmedo y fértil correspondiente al actual Estado de Pernambuco era adecuado para el cultivo de la caña de azúcar, y estaba convenientemente ubicado como puerto de escala para los barcos que viajaban desde Portugal hacia el oeste de África y el Oriente.
La caña de azúcar y la técnica para su cultivo habían llegado a Brasil desde la Isla de Madera; muy pronto se desarrolló un comercio floreciente, basado en la importación de esclavos del oeste de Africa para trabajar en las plantaciones de azúcar. Este producto se exportaba a los mercados de Europa donde la demanda creciente estaba empezando a agotar las reservas de los proveedores tradicionales.
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La Unión de las Coronas de España y Portugal (1580-1640)
El incipiente desarrollo económico de Brasil fue interrumpido por los eventos acontecidos en Europa. Cuando el Rey Sebastián de Portugal murió en 1578, Felipe II de España reclamó y obtuvo el trono vacante en Lisboa como Felipe I. De 1580 a 1640, las dos coronas peninsulares estuvieron unidas bajo los reyes de España. América del Sur se convirtió durante ese lapso en un área de influencia hispánica.
En ausencia de fronteras, tanto los portugueses como los brasileños comenzaron a penetrar más profundamente en el inmenso interior de la colonia. El principal punto de inicio para esta exploración fue la Capitanía de São Vicente y, desde su base en São Paulo, los pioneros empujaron la frontera desde el litoral hacia el interior. Las expediciones (conocidas como bandeiras) en busca de esclavos indígenas se abrieron paso a través de selvas, escalaron difíciles escarpados, y marcharon hacia la meseta interior. Como resultado, los expedicionarios (bandeirantes) trajeron de vuelta con ellos a los indígenas capturados en las misiones jesuíticas esparcidas en el interior del país. Así, sin proponérselo, los bandeirantes expandieron las fronteras del futuro país.
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La Expansión Territorial (1600)
En 1640, cuando Portugal recuperó su independencia durante el reinado de Juan IV, los portugueses se rehusaron a abandonar las tierras que habían ocupado y colonizado al oeste de la línea original del Tratado de Tordesillas. Reclamaron lo que desde entonces se ha reconocido en Derecho Internacional como el derecho de uti possidetis –derivado no sólo del título sino también de la posesión útil– y lograron establecerse como legítimos dueños.
En la segunda mitad del siglo XVII, Portugal recuperó su independencia de España y liberó la región Nordeste de Brasil de 24 años de ocupación por fuerzas holandesas.
Comenzó después el debilitamiento de la economía del azúcar, que provocó una creciente migración de conquistadores desde las zonas de plantaciones azucareras hacia áreas inexploradas del inmenso territorio brasileño.
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El Descubrimiento del Oro (1690-1800)
La consecuencia más importante de estas expediciones fue el descubrimiento de yacimientos auríferos. Al mismo tiempo que la fiebre del oro convocó a miles de personas que habían quedado ociosas en las plantaciones costeras, también atrajo inmigración nueva desde Portugal.
Otra consecuencia de la fiebre del oro fue el incremento de la cría de ganado para proveer de carne y cuero a los centros mineros, además de las nuevas ciudades emergentes que se formaban en lo que hoy es el Estado de Minas Gerais. En total, casi 1.000 toneladas de oro y 3 millones de quilates en diamantes, fueron extraídos de la región entre 1700 y 1800. El crecimiento de la minería en Brasil generó un importante desarrollo, que influyó en el curso de los acontecimientos, no sólo en la región, sino también en Europa. Aunque el oro era confiscado por Portugal y embarcado hacia Lisboa, no permaneció allí; por el Tratado de Methuen, de 1703, Inglaterra proveía de productos textiles a Portugal, que a su vez se pagaban con el oro de las minas brasileñas. El oro brasileño que terminó en Londres ayudó a financiar la Revolución Industrial.
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El Café
El auge de la minería de oro y de los diamantes, así como el azúcar en su momento, pronto fueron superados por el surgimiento de otra fuente aún más importante de riqueza: el café. Este cultivo había llegado a Brasil por primera vez, desde la Guyana Francesa en el siglo XVIII. Las primeras plantaciones se ubicaron en regiones bien provistas de mano de obra esclava en el interior de Rio de Janeiro; pero la abolición de la esclavitud y la inmigración europea en el Estado de São Paulo a fines del siglo XIX hicieron que las plantaciones de café se trasladaran al sur, hacia zonas donde las condiciones del suelo, el clima y la altitud se combinaron creando un medio ideal para su cultivo. Este ambiente favorable llevó a Brasil a convertirse en el mayor productor de café del mundo y, así como la minería provocó migraciones masivas desde Pernambuco y Bahia hacia Minas Gerais, el cultivo del café aceleró la expansión hacia tierras desocupadas del sur.
Otro evento destacado en la segunda mitad del siglo XVIII, fue el traslado de la sede del gobierno colonial. Después de que Salvador fuera, por más de 200 años, la capital del gobierno, ésta se trasladó a Rio de Janeiro, donde dominaba la ruta principal de acceso a Minas Gerais y estaba más cerca de los nuevos centros poblados de las regiones cafeteras del sur.
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La Independencia
El rol de Portugal durante el período en que gobernó Brasil, fue esencialmente de intermediario entre la colonia como productora y los centros económicos de Europa como consumidores. Como monopolizaba todo el comercio con Brasil, Portugal retenía una parte sustancial de los beneficios, y esto llevó al aumento del descontento entre los colonizadores establecidos en el nuevo territorio. A partir de las invasiones holandesas y francesas en la región nordeste a principios del siglo XVII, los colonos habían desarrollado un sentimiento nacionalista, partidario de expulsar a los invasores.
La urgencia de asegurar la libertad política comenzó seriamente, en la segunda mitad del siglo XVIII. A pesar de que el concepto de independencia era generalmente compartido, algunos movimientos contra las autoridades portuguesas fueron claramente regionales en sus alcances. La Conjuración Minera (Inconfidência Mineira), el más significativo de estos movimientos aislados, ocurrió en el centro de una zona de explotación de minas de oro, en aquel tiempo. Su líder entusiasta era un joven oficial de caballería, Joaquim José da Silva Xavier, apodado Tiradentes, pues era dentista. Había obtenido apoyo principalmente de intelectuales, quienes compartían los mismos ideales de libertad que habían inspirado al enciclopedismo francés y a los líderes de la Revolución de EUA. La conspiración fue descubierta y sus líderes recibieron sentencias muy severas: Tiradentes fue colgado en una plaza pública en Rio de Janeiro. Otros incidentes, algunos de los cuales recibieron amplio apoyo, ocurrieron en Pernambuco y Bahia, donde la caída de la economía azucarera agravó los problemas creados por la subordinación del país a Portugal. Ninguno de ellos, sin embargo, fue suficiente como para poner en peligro la dominación portuguesa en Brasil.
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El Traslado de la Corte Portuguesa a Brasil (1808-1821)

En 1808, mientras los ejércitos de Napoleón comenzaron a invadir Portugal, se tomó la
decisión de trasladar al monarca y su corte a Rio de Janeiro para preservar la integridad física de sus miembros; quienes permanecieron en Brasil hasta 1821. El establecimiento de la administración real en la colonia, por un período de 14 años, aceleró el camino hacia la independencia. La Corona portuguesa, conscientemente o no, tomó algunas medidas que facilitaron la transición hacia la independencia. La elevación de Brasil, en 1815, del status de colonia al de Sede del Reino Unido de Brasil, Portugal y Algarves (territorios del reino en África) es un ejemplo de dichas medidas.
Otra fue que, si bien la dominación de Napoleón finalizó en 1815, el entonces Príncipe Regente (coronado D. Juan VI en 1818) prefirió permanecer en Rio de Janeiro, aunque seis años más tarde, en 1821, debió rendirse a las presiones implacables de los políticos de Portugal y retornar a Lisboa. Dejó a su heredero en Rio con el título de Príncipe Regente. Más aún, en presencia de miembros de la sociedad colonial, el Rey supuestamente le aconsejó: "Pedro, hijo mío, cuando llegue el momento, coloca la corona en tu cabeza antes de que un aventurero se la ponga".
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La Proclamación de la Independencia (1822)
La irritante posición de los políticos de Lisboa ante este estado de cosas y los halagos de sus más cercanos consejeros brasileños, atrajeron al joven príncipe a la causa de la independencia. Antes de haber transcurrido un año desde el regreso de su padre a Portugal, el 7 de septiembre de 1822, el Príncipe Heredero proclamó la Independencia de Brasil y se coronó solemnemente como Emperador Pedro I, el 1º de diciembre de ese mismo año. El ideólogo más importante de la Independencia brasileña fue José Bonifácio de Andrade e Silva.
Mientras que las colonias españolas en América lucharon ferozmente por su Independencia (luego terminarían siendo 18 repúblicas), Portugal y Brasil resolvieron el asunto por medio de negociaciones, luego de una breve guerra de Independencia (1822- 1824). Brasil se constituyó entonces como Imperio bajo el mando de Don Pedro I quien continuó siendo el heredero al trono portugués.
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El Imperio
Pedro I (1822-1831)
Siendo Juan VI Rey de Portugal y su hijo Pedro Príncipe Regente con sede en Brasil, acuerda designarlo en 1822, como gobernante de Brasil. En esa calidad, Pedro realiza una importante contribución para acelerar el proceso de evolución social y política del siglo XIX, otorgándole a Brasil en 1824, y a Portugal dos años más tarde, constituciones extremadamente avanzadas para su época y rompían con los tabúes del Derecho Divino de los Reyes. Don Pedro se convierte así, en el primer gobernante de Brasil independiente.
En 1826, con la muerte de Juan VI, Don Pedro hereda el trono de su padre; sin embargo, prefiere continuar en Brasil y abdica al trono portugués en favor de su hija, la Infanta Maria da Glória, que se convirtió en la Reina María II. En el año 1831, después de algunas diferencias con el Parlamento Brasileño, y ante la usurpación del trono portugués por parte de su hermano Miguel, decide volver a Portugal, a recuperarlo, y abdica al trono de Brasil en favor de su hijo, Don Pedro II, quien aún era menor de edad.
Pedro II (1831-1889)
A diferencia de su padre, Pedro II creció para ser un monarca austero, moderado y erudito. Durante su reinado de medio siglo, Brasil alcanzó la madurez política y cultural, asegurando así la unidad de su vasto territorio. Sus instituciones políticas y sociales, con una administración competente, se desarrollaron en forma pacífica y alcanzaron un buen nivel de estabilidad. La esclavitud fue poco a poco eliminada hasta su completa abolición en 1888; la inmigración europea fue activamente promovida, y se pusieron en marcha programas de salud y asistencia social, a escala nacional. La influencia ejercida por el Emperador sobre el pueblo y sobre las instituciones del país contribuyó, en gran medida, a asegurar que la transición de la Monarquía a la República, se hiciera sin derramamiento de sangre.
Aunque la paz y la estabilidad se mantenían dentro del país durante el Imperio, Brasil se encontraba expuesto a amenazas externas a lo largo de su frontera sur durante este período, que finalmente condujeron a la Guerra de la Triple Alianza. Esta fue una guerra larga y cruenta (1865-1870) en la que Brasil se unió a Argentina y Uruguay en contra de Paraguay, gobernado por Francisco Solano López.
Por el tratado de paz de 1872, Brasil garantizó la integridad territorial de Paraguay y renunció a todos sus reclamos por indemnizaciones y deudas de guerra. Este fue el último conflicto armado que ha tenido Brasil con alguno de sus diez países vecinos.
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La República
El Fin del Imperio: la Abolición de la Esclavitud (1888)
La abolición completa de la esclavitud fue generalmente considerada como la causa más directa de la caída de la monarquía. En 1888 el Emperador viajó a Europa y dejó a su hija, la Princesa Isabel, como Regente. El 13 de mayo de 1888, en respuesta al colapso de la esclavitud como sistema práctico, y cediendo a las presiones de los abolicionistas, firmó la llamada Ley Áurea (Lei Áurea) que terminó con la esclavitud en Brasil.
Aún así, debe destacarse que a fines del siglo XIX, la esclavitud también estaba disminuyendo a causa de la presión ejercida por los trabajadores inmigrantes cuyos sueldos eran menores a los gastos necesarios para mantener esclavos.
La Ley Áurea despertó reacciones entre los propietarios de esclavos, que rápidamente erosionaron las bases políticas de la monarquía. Después de unos meses de crisis en el Parlamento, el Emperador fue depuesto el 15 de noviembre de 1889 por un movimiento militar que proclamaba la derogación de la monarquía y el establecimiento de la República.
La transformación institucional fue profunda y aunque el Emperador y su familia fueron tratados con respeto, se les ordenó que dejaran el país. Acompañados por sus colaboradores más cercanos, se exiliaron en Francia. La mayoría de los líderes del país brindaron apoyo y colaboración al nuevo régimen; entre ellos se encontraba uno de los estadistas más destacados de Brasil, el Barón de Rio Branco quien, por medio de tratados y arbitrajes, logró soluciones para las controversias pendientes de Brasil con sus vecinos, en relación con los límites fronterizos.
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La Federación y el Sistema Presidencial
La recién nacida República adoptó el sistema federal que se mantiene hasta el día de hoy. Las provincias del Imperio se transformaron en Estados; y el sistema parlamentario fue reemplazado por el presidencial; se creó un Congreso bicameral (Cámara de Diputados y Senado) y, asimismo, una Corte Suprema completamente independiente. En los Estados se adoptó la misma estructura. Los presidentes, elegidos de acuerdo con las normas del sistema constitucional vigente, en el cual se sucedieron unos a otros hasta 1930.
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La Nueva República (1930-1937)
La llamada Primera República duró hasta 1930 cuando, por primera vez, el gobierno fue derrocado por la fuerza. El objetivo principal del movimiento revolucionario vencedor, encabezado por Getúlio Vargas, fue la reforma del sistema político y electoral que, a falta de partidos políticos fuertes, había permitido la práctica de elegir presidentes apoyados por quienes gobernaban los influyentes estados de São Paulo y Minas Gerais. Los gobernadores, a su vez, aseguraban la elección de representantes congresistas, comprometidos a llevar adelante las políticas del gobierno central.
Getúlio Vargas, quien gobernaría Brasil por los siguientes 15 años, llegó al poder en tiempos difíciles para el país. Brasil comenzaba a sentir los efectos de la depresión mundial, que redujo drásticamente el precio del café, su principal riqueza. El escenario de la política interna se complicaba no sólo a causa de la crisis económica resultante sino también, a medida que la década avanzaba, debido a enfrentamientos entre minorías militares inspiradas en las ideas que llegaban al país desde la Alemania nazi y la Italia fascista, por un lado, y en la ideología comunista importada de la Unión Soviética, por el otro.
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La Era Vargas (1938-1945)
En 1934, una vez que el gobierno de Vargas se había consolidado, se estableció una nueva constitución que amplió el derecho al sufragio y concedió el voto a las mujeres. A finales de 1937, poco antes de llegar a las elecciones presidenciales, la tensa atmósfera política y los disturbios llevaron al Presidente Vargas a declarar el estado de emergencia.
Vargas continuó luego con la disolución del Congreso y asumió poderes extraordinarios para gobernar por decreto bajo un régimen autoritario. A pesar de los tiempos difíciles, se adoptaron algunas políticas importantes que introdujeron una legislación avanzada para la asistencia social, la reforma del sistema educativo, y se hicieron progresos sustanciales en la industrialización, que incluyeron la construcción de la primera gran acería de Brasil (1942-1946).
Cuando se inició la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Vargas no podía ignorar la preferencia espontánea de la mayoría de los brasileños por los Aliados. El sentimiento popular, más tarde incrementado por las acciones hostiles de los submarinos alemanes frente a las costas de Brasil, forzó al Presidente a abandonar su posición neutral. En agosto de 1942, Vargas declaró la guerra a las potencias del Eje; Brasil equipó una pesada Fuerza Expedicionaria de 25.000 hombres, la cual luchó en Italia junto al Quinto Regimiento de los EUA. Brasil fue el único país de América, además de EUA y Canadá, que envió fuerzas armadas al teatro de guerra en Europa.
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El Brasil de post-guerra
A medida que la guerra en Europa llegaba a su fin, Vargas fue obligado a renunciar y se llamó a elecciones para designar a un sucesor. Con elecciones por primera vez en 15 años, el electorado le concedió la mayoría de sus votos al General Eurico Gaspar Dutra, quien había sido Ministro de Ejército de Vargas durante la guerra. Una asamblea constituyente aprobó una nueva constitución democrática en 1946, que estuvo vigente hasta 1967. El período de Dutra finalizó en 1951. Mientras tanto, Vargas, refugiado en su estancia de Rio Grande do Sul, se había preparado para las elecciones. Había vuelto para cosechar alguna recompensa por sus medidas progresistas en la legislación de áreas como bienestar social y los sindicatos de trabajadores. Al término del mandato de Dutra, Vargas fue constitucionalmente elegido Presidente de la República. En 1954, en medio de una aguda crisis política que amenazaba deponerlo, se suicidó y su mandato fue concluido por una administración de transición.
Durante la presidencia de Juscelino Kubitschek (1956-1961), fundador de Brasília, Brasil experimentó cinco años de acelerada expansión económica. Fue seguido por el Presidente Jânio Quadros, quien renunció luego de un año apenas en ejercicio. El Vicepresidente de Quadros era João Goulart, quien juró como presidente después que el Congreso eligió precipitadamente un sistema parlamentario que restringía en forma drástica los poderes presidenciales. Sin embargo, en un plebiscito llevado a cabo cuatro meses después, el Presidente Goulart fue capaz de persuadir a los votantes para restituir el antiguo sistema presidencial. Por esos años, la inflación galopante y la polarización política entre la izquierda y la derecha provocaron un período de inestabilidad política y social y una importante crisis económica. Ante las supuestas simpatías marxistas de Goulart, los militares lo derrocaron mediante un golpe de estado, el 31 de marzo de 1964.
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El gobierno militar (1964-1985)
El período de 1964 a 1985 fue dominado por los militares, si bien fue menos severo a partir de 1979. En este período hubo cinco presidentes, todos generales del Ejército. El primero, Castelo Branco, llegó al poder bajo una consigna de anti-comunismo; su principal tarea era la de estabilizar la situación política y económica. Se hicieron extensas enmiendas a la Constitución para proveer al gobierno de poderes y mecanismos que le permitieran alcanzar esas metas. Durante los siguientes 15 años, de 1968 a 1983, el gobierno firmó varias Actas Institucionales, que fueron, en realidad, decretos presidenciales. En este período se suspendieron muchos derechos individuales y colectivos. Nuevas medidas de austeridad afectaron la vida económica y política: se eliminaron los acuerdos colectivos, las huelgas eran virtualmente ilegales y los movimientos de la clase trabajadora fueron restringidos.
En 1968, durante el gobierno del Presidente Arthur da Costa e Silva, las estrategias económicas parecían empezar a funcionar. La inflación estaba contenida y las empresas extranjeras comenzaron a realizar nuevas inversiones, confiadas en la estabilidad del régimen. En el plano político, sin embargo, el gobierno se volvió más represivo. En 1969 el presidente Costa e Silva renunció por problemas de salud y fue sucedido por una Junta Militar, que a su vez sería sustituida dos meses más tarde por Emilio Garratazu Médici.
Entre 1967 y 1974, Brasil disfrutó de una de las mayores tasas de crecimiento económico del mundo con un incremento real del Producto Bruto Interno que llegó al 14% en 1973.
A mediados de los 70, Ernesto Geisel, quien era entonces presidente, propuso un período de descompresión, es decir, de pasos graduales que llevarían al restablecimiento de la democracia. En 1979, João Baptista Figueiredo asumió como presidente. Este era también el comienzo de la apertura, el proceso de restauración de los derechos políticos que habían sido revocados. Muchos de los exiliados pudieron regresar al país y se aceleró la demanda pública por el restablecimiento de la democracia. En 1982, el país llamó a elecciones directas para gobernadores de los Estados, la primera desde 1965.
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El retorno a la democracia (1985)
En 1984, se generalizaron las protestas masivas que demandaban elecciones directas inmediatas (Diretas já!) para elegir un nuevo presidente.
En enero de 1985, Tancredo de Almeida Neves fue elegido presidente por un Colegio Electoral, hecho muy significativo por tratarse del primer presidente elegido en 21 años, representante además de una coalición opositora. Sin embargo, el 14 de marzo de 1985, en la noche de la inauguración de su mandato, Neves debió ser internado de urgencia a causa de una enfermedad que sufría hacía varios meses. Nunca se recuperó y el Vicepresidente José Sarney fue quien asumió la presidencia. Cuando Neves murió cinco semanas más tarde, José Sarney juró como presidente y prometió mantener el curso propuesto por su antecesor. Su prioridad fue la de llamar a elecciones generales para reunir una Asamblea Nacional Constituyente que redactara la nueva Constitución. Nunca en la historia de Brasil se haba observado antes tan alto grado de participación popular en el proyecto de una ley. Luego de 18 meses de deliberaciones, la nueva constitución fue promulgada el 15 de octubre de 1988.
En la primera elección presidencial directa desde 1960, Fernando Collor de Melo - un empresario oriundo del Estado nordestino de Alagoas– fue elegido presidente en una rápida votación en diciembre de 1989. Pero poco tiempo después de iniciado su mandato, el Congreso le abrió una amplia investigación ante las acusaciones de corrupción en su gobierno.
Luego de un proceso parlamentario que tuvo en vilo al país, el Congreso inició un proceso democrático de juicio político (impeachment). Itamar Franco, quien había sido Vicepresidente de Collor, lo reemplazó y juró como presidente el 29 de diciembre de 1992 para concluir con los dos años pendientes del período de cinco que correspondían al mandato de Collor. El juzgamiento de Collor marcó el inicio de un nuevo capítulo en la historia política de Brasil.
La presidencia de Franco se destacó por su fuerte combate a la inflación, que había sido estimulada durante la incertidumbre política que había generado la destitución de Collor de Melo. El principal artífice fue su Ministro de Finanzas, el sociólogo y ex senador por el Estado de São Paulo, Fernando Henrique Cardoso. Tras el éxito de su plan antiinflacionario,Cardoso se lanzó como candidato a la presidencia.
El 3 de octubre de 1994 los votantes le dieron 78 millones de votos a favor, con lo cual el ex Ministro de Finanzas obtuvo la mayoría absoluta necesaria para ganar la presidencia en la primera ronda. Asumió el 1º de enero de 1995, por un período de cuatro años, durante el cual se consolidó una sostenida baja en la tasa de inflación, que le permitió abrir el camino a un importante crecimiento sustancial de la economía, como así también implementó acciones firmes de gobierno para la reforma social. Cardoso fue elegido el 4 de octubre de 1998 para un segundo período presidencial, que finalizó en el año 2002.
El 6 de noviembre de 2002, con 61,27% de los votos válidos (52,7 millones), Luiz Inácio Lula da Silva y José Alencar fueron elegidos Presidente y Vicepresidente de la República Federativa del Brasil y el 1º de enero de 2003 asumieron sus cargos. Y nuevamente en el año 2006, Lula da Silva fue reelegido Presidente para el mandato 2006-2010.
Fuente: Embajada de Brasil en Argentina.
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